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Preocupación de europeos por transgénicos se reduce

Es bastante común escuchar cuando se habla de transgénicos que los europeos los rechazan y que los tienen prohibidos. ¿Qué tan ciertas son estas afirmaciones?

Desde 1973, los países miembros de la Unión Europea (UE) encargan regularmente encuestas de opinión pública sobre un amplio abanico de temas, entre ellos, los transgénicos. Se le conoce como el Eurobarómetro y es uno de los instrumentos más relevantes para analizar la evolución de la opinión ciudadana.

El presente año, se publicó el segundo Eurobarómetro sobre seguridad alimentaria (el primero se presentó en 2010). Durante el mes de abril, más de 27 000 personas de diferentes grupos sociales y demográficos de los 28 países que conforman la UE fueron entrevistadas y respondieron una serie de preguntas. Los resultados fueron interesantes.

El 60% de los encuestados ha oído hablar acerca de la presencia de ingredientes genéticamente modificados en alimentos o bebidas (en Suecia alcanza el 83%), pero solo el 27% muestra preocupación por ellos. Los europeos mostraron mayor preocupación por los residuos de antibióticos, hormonas y esteroides en la carne (44%) y los residuos de pesticidas (39%). Los transgénicos ocupan el octavo lugar. En 2010, ocupaban el cuarto y el porcentaje de personas preocupadas por ello era del 66% (más del doble).

Graficos obtenidos del Eurobarómetro 2019.

La preocupación por los ingredientes genéticamente modificados es mayor en Lituania (45%), Bulgaria (42%), Grecia (42%) y Letonia (41%) y menor en Finlandia (13%) y Malta (12%). En Suecia, donde la mayoría de personas ha oído hablar sobre ellos, el 21% se muestra preocupado; y, en Francia, donde la oposición a los transgénicos es muy fuerte, el 28%.

En el caso de la edición genética, solo el 21% de los encuestados ha escuchado hablar de ellos, por lo que el nivel de preocupación es bastante bajo (4%).

En Europa no está prohibido ni importar ni consumir transgénicos, aunque solo dos países permiten su siembra (Portugal y España). La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés), evalúa la inocuidad de los organismos vivos modificados (OVM)  destinados para el consumo humano. Cuenta con un portal donde pueden revisar todos los transgénicos que han sido autorizados porque han demostrado ser tan seguros como sus contrapartes convencionales.

Además, la Unión Europea cuenta con una normativa que exige etiquetar los alimentos que, para su procesamiento, utilizan ingredientes genéticamente modificados, siempre y cuando estos superen el 0,9% de la proporción total del ingrediente. Si el porcentaje es menor, se considera como una "contaminación" o mezcla técnicamente inevitable o adventicia.

Es importante conocer el nivel de preocupación y aceptación de productos derivados de la ingeniería genética por parte de los europeos porque muchos países lo usan como referencia para establecer sus regulaciones internas. Existe el temor —muy válido, por cierto— que al autorizar un OVM se nos cerarrían muchos mercados debido al rechazo que hay hacia esta tecnología.

Se han reportado casos de productos como la miel que han sido devueltos al país de origen por contener polen transgénico. El problema radica en que la miel tenía una certificación orgánica y, de acuerdo con las regulaciones de muchos países, para que un producto sea certificado como tal no debe emplearse pesticidas sintéticos ni ingredientes genéticamente modificados. Para corroborar esto, se realizan análisis de laboratorios. En muchos casos, las certificadoras no lo hacen. Solo se basan en que el producto sea elaborado o provenga de una parcela o predio certificado como orgánico. Pero puede haber contaminación (con pesticidas o ingredientes genéticamente modificados) en las distintas etapas de la cadena productiva que no es evidenciado hasta que llegue a otro país donde si realizan los análisis de laboratorio correspondientes.

Sin dudas, hay un efecto económico y comercial —junto a los temas ecológicos y ambientales— que debe ser evaluado en profundidad y caso por caso antes de tomar una decisión respecto al uso de OVM, pero no se puede usar como sustento una supuesta preocupación de los europeos sobre los ingredientes genéticamente modificados.

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