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Agricultores indios siembran transgénicos ilegalmente como protesta

Cuando uno habla de transgénicos y de agricultores indios al mismo tiempo, a muchos se le viene a la mente los suicidios. Y es que existe un mito ampliamente difundido: la introducción del algodón transgénico en la India ha provocado que miles de agricultores se quiten la vida.

Según la activista Vandana Shiva, "la recaudación de royalties [regalías] por parte de Monsanto y el elevado costo de las semillas y los productos químicos han ahogado en deudas a los campesinos". Y que "la tecnología que Monsanto ha patentado para crear semillas estériles" agravaron el problema.

No hay nada más alejado de la realidad. Existe cuantiosa evidencia que analiza la problemática de los agricultores indios y ninguna muestra relación entre la adopción del algodón transgénico y los suicidios. Tampoco se comercializan semillas con la tecnología "Terminator" o estériles debido a la prohibición de facto establecida por el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), por vulnerar el derecho de los agricultores de guardar sus semillas para las campañas siguientes.

Tasa de suicidios en agricultores indios de 1995 a 2011. El algodón transgénico se introdujo en el 2002.

En la India millones de agricultores dependen de las lluvias que llegan con los monzones para irrigar sus cultivos. Sin embargo, son irregulares. El problema se agrava con el cambio climático. Hay años en que los monzones tienen baja intensidad provocando sequías; mientras que otros son tan fuertes que causan inundaciones. En ambos casos, los agricultores pierden sus cosechas y su inversión. Si recibieron un préstamo, no lo pueden pagar. Los intereses aumentan. Pierden sus tierras. Quedan en la ruina y caen en depresión. Muchos optan por quitarse la vida. Un artículo de la BBC resume bien este problema.

El 95% de los algodoneros indios emplea semillas transgénicas que resisten el ataque de plagas, especialmente, el gusano rosado. Se les conoce como algodón Bt porque producen una toxina llamada CRY obtenida de Bacillus thuringiensis (Bt), una bacteria que vive en el suelo.

En 2002, se introdujo al mercado indio la primera versión de algodón Bt llamado Bollgard® que producía la toxina Cry1Ac. La tecnología fue desarrollada por Monsanto y la empresa semillera local Mahyco la introdujo en sus híbridos de algodón. Cuatro años después, salió a la venta la segunda versión llamada Bollgard® II, la cual producía dos toxinas (Cry1Ac y Cry2Ab) para hacer frente a las plagas resistentes.

Muchas empresas semilleras indias licenciaron la tecnología Bollgard® II generando cientos de variedades. Monsanto cobra una regalía por cada bolsa de semilla vendida. El monto es regulado por el gobierno. En 2015 era de 170 rupias. A partir de entonces se redujo considerablemente. El año pasado, las regalías solo eran 39 rupias por bolsa. Debido a esto, Monsanto (ahora Bayer) no está interesado en introducir la tecnología Bollgard® III en la India, una nueva versión que produce tres toxinas: Cry1Ac, Cry2Ab y Vip3A.

Que el Bollgard® III no se comercialice en la India —pero sí en otros países— no va a impedir que ingrese por contrabando. De hecho, esto ya ha ocurrido pero con otro tipo de algodón transgénico. Uno que además tolera la aplicación directa del herbicida glifosato. En 2017, el gobierno indio detectó la presencia de este algodón transgénico en el 15% de los campos evaluados de Maharashtra.

Las autoridades indias advirtieron a los agricultores que serían multados y sentenciados a cinco años de prisión por usar ilegalmente semillas transgénicas. La respuesta no se hizo esperar. Una asociación llamada Shektari Sanghatana está alentando su sembra a través de una campaña de "desobediencia civil" (satyaagraha), inspirada en la resistencia pacífica de Gandhi contra las leyes británicas.


La campaña inició el 10 de junio en el distrito de Akola, en Maharashtra. En la protesta participaron 1500 agricultores que se grabaron y tomaron fotos sembrando las semillas prohibidas, incluyendo berenjenas Bt que ingresaron ilegalmente desde Bangladesh. La manifestación se ha extendido por otros once distritos y doce agricultores fueron arrestados esta semana. Shektari Sanghatana les ofrece asistencia legal.

La Asociación Nacional de Semillas de la India, que representa a las principales compañías semilleras del país, reaccionó enérgicamente contra el movimiento de agricultores de Maharashtra. Exigen al gobierno indio que investigue cómo ingresa ilegalmente estas semillas transgénicas.

Las semillas se importan de algún lado. Sin embargo, de todos los países con los que limita la India, solo en Pakistán y China cultivan algodón transgénico, pero ninguno siembra la versión tolerante a herbicidas. Una producción local a partir de una pequeña cantidad de semillas introducidas ilegalmente podría explicarlo.

Muchos países autorizaron el uso de determinadas semillas transgénicas porque ya se sembraban de forma masiva en algunas regiones. Así ocurrió en Bolivia y Brasil con la soya transgénica. Sin embargo, fueron los mismos agricultores quienes lo introdujeron ilegalmente. Nadie les obligó a comprarlas. Ellos optaron por estas semillas porque vieron un beneficio que no lo obtenían con las variedades convencionales. Por eso el nivel de adopción de la tecnología aumentó rápidamente.

A diferencia de otras prácticas agrícolas, sembrar transgénicos es muy sencillo. Si son Bt, se reduce la aplicación de insecticidas. Si son tolerantes a herbicidas, se aplica glifosato —que se usa normalmente en la agricultura convencional— en cualquier momento y sin el temor de quemar el cultivo. Esto facilita la labor de campo, pero genera problemas a mediano plazo. El agricultor olvida el manejo integrado de plagas y estas se vuelven resistentes. La tecnología pierde efectividad.

Es importante ver lo que ocurre en la India. Ellos establecieron una moratoria a la siembra de berenjena Bt en 2010 mientras que el Perú tiene una moratoria a todos los cultivos transgénicos desde 2011. Los agricultores indios están desobedeciendo esta restricción y los siembran ilegalmente junto al algodón tolerante a herbicidas como protesta. ¿Cederá el gobierno?

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