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Empresas sancionadas por no etiquetar sus productos como transgénicos (Parte 2)

La semana pasada comentamos que dos empresas —Molitalia S.A. y Mondelez S.A.— habían sido sancionadas por INDECOPI debido a que sus productos Choco Donuts y Chips Ahoy!, respectivamente, no habían sido etiquetados como productos transgénicos a pesar que sí lo hacían en Ecuador y Bolivia.


Las resoluciones de INDECOPI establecen una multa de 10 UIT (algo más de 40 000 soles) y un plazo de 20 días para revertir la situación. Obviamente, las empresas han apelado porque en el país la norma aún no está reglamentada. Sin embargo, aquí hay un tema que falta analizar: ¿cómo saben que las mismas galletas que se comercializan en el Perú también contienen transgénicos?

Si todas las galletas fueron producidas en la misma fábrica, lo más probable es que hayan utilizado los mismos insumos. Por ello, si se han detectado transgénicos en las galletas que se comercializan en Ecuador y Bolivia, y estas han sido elaboradas en las fábricas instaladas en Perú, entonces es muy probable que las que se venden aquí también contengan transgénicos.

Pero ¿qué pasaría si las galletas fueron elaboradas en los mismos países donde se comercializan? En este caso, cada fábrica pudo haber usado insumos de diferentes procedencias, las cuales podrían no ser transgénicos.

En otras palabras, si una marca de galleta usa como ingrediente harina de maíz procedente de Estados Unidos, es casi seguro que ese insumo sea transgénico, por lo tanto deberá etiquetarlo como tal. Sin embargo, si la harina de maíz empleada para elaborar la misma galleta proviene de Perú, lo más probable es que no sea transgénico (porque aquí está prohibida su siembra) y no tendrá la obligación de etiquetarlo. Entonces, no necesariamente la misma galleta —que se puede comercializar en dos lugares diferentes— usarán los mismos insumos transgénicos. Para estar seguros, se deben analizar en el laboratorio los productos de manera independiente.

Un ejemplo de esto es lo que hacía una importante empresa avícola nacional. Los pollos que comercializaba en el mercado interno eran alimentados con maíz y soya importados de Estados Unidos y Argentina (o sea, transgénicos). Sin embargo, lo pollos que eran exportados a Japón se alimentaban con maíz y soya no transgénicas producidas localmente (en sus propias instalaciones). Algo similar hacía una empresa local de cereales. Aquellos que destinaba al mercado europeo lo hacía con base a maíz nacional (no transgénico) y lo que destinaba al mercado local, con maíz importado (transgénico).

Por esta razón, no se debería asumir que si un producto comercializado en un país es etiquetado como transgénico automáticamente el mismo producto comercializado en otro país también lo sea, a menos que hayan sido fabricados en el mismo lugar y con los mismos insumos. Necesariamente se debe hacer una prueba de laboratorio.

Por otro lado, si las empresas quieren evitar etiquetar sus productos como transgénicos deben implementar todo un sistema de trazabilidad para conocer la procedencia de sus ingredientes y saber cuáles requerirían ser etiquetados y cuáles no. Obviamente, hacer esto implica un mayor costo y solo sería ventajoso si los consumidores estuvieran dispuestos a pagar más por productos sin transgénicos.

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