Ir al contenido principal

La competencia es más fuerte cuando las especies están más relacionadas

Una de las hipótesis más importantes de la ecología fue planteada por Darwin en 1859, en su famoso libro El origen de las especies. Esta hipótesis dice que todos los seres vivos se encuentran en constante competencia por su existencia, pero dicha competencia será más fuerte si las especies están más relacionadas filogenéticamente. Después de más de 150 años, un grupo de investigadores liderados por Lin Jiang del Instituto Tecnológico de Georgia diseñaron un ingenioso experimento donde demuestran que Darwin —una vez más— estaba en lo cierto. El trabajo fue publicado hoy en Ecology Letters.

lin-jiang

Si bien puede decirse que la hipótesis planteada por Darwin es bastante obvia para los ecólogos, nadie había podido demostrarla antes. Es lógico pensar que dos especies bastante emparentadas evolutivamente y que, además, viven en el mismo ecosistema, tendrán los mismos requerimientos nutricionales, así que habrá un mayor grado de competencia entre ellos porque ambos buscarán los mismos recursos. El más fuerte será quien finalmente domine dicho ecosistema; mientras que el otro, se extinguirá o se verá desplazado.

Jiang et al. desarrollaron un ingenioso experimento para demostrar esta hipótesis. Ellos usaron diez especies de protistas comunes diferentes, todos ellos ‘bacterióvoros’ (se alimentan de bacterias) y caracterizados filogenéticamente. Gracias a que estos diminutos organismos se reproducen rápidamente, los investigadores tendrían la posibilidad de analizar muchas generaciones en unas pocas semanas, algo que sería imposible de hacer con poblaciones de plantas o animales.

Para estudiar la competencia entre las diferentes especies de protistas, Jiang y sus colaboradores diseñaron unos pequeños ecosistemas artificiales llamados ‘microcosmos’. Cada microcosmo estaría compuesto de una o dos especies de protistas y de tres tipos de bacterias, las cuales les servirían de alimento. En total se desarrollaron 165 microcosmos diferentes.

Durante 10 semanas los investigadores tomaron muestras semanales de cada uno de los microcosmos, los cuales fueron analizados bajo el microscopio a fin de determinar la cantidad de individuos que había de cada especie de protista.

Los resultados fueron bastante concluyentes. En aquellos microcosmos donde sólo habitaba una especie de protista, la densidad poblacional fue bastante alta. Sin embargo, en más de las mitad de los experimentos en los que habían dos especies de protistas por microcosmos, una de las dos especies se extinguía mientras que la otra dominaba el pequeño ecosistema.

Los investigadores encontraron que la frecuencia y la velocidad en que se daba este proceso de ‘extinción’ (también conocida como exclusión competitiva) era mayor si las especies estaban más relacionadas filogenéticamente. O sea, la especie inferior reducía su abundancia de manera más notoria cuando su relación filogenética con su competidor era mayor . Por ejemplo, la competencia se hacía más grande si las dos especies tenían un tamaño similar de boca, ya que ambos se alimentarán de las mismas bacterias, agotando rápidamente el recurso.

Sin dudas, es un bonito experimento que puede reproducirse con otro tipo de pequeños organismos y así llegar a validar la hipótesis planteada por Darwin hace más de 150 años. Debemos recordar también que esta hipótesis funciona siempre y cuando las especies comparten el mismo ecosistema. Una solución para evitar la competencia y, por que no, la extinción, sería que una de las especies se adapte a consumir otro tipo de recursos.


Referencia:

Cyrille Violle, Diana R Nemergut, Zhichao Pu & Lin Jiang. Phylogenetic limiting similarity and competitive exclusion. Ecology Letters. DOI: 10.1111/j.1461-0248.2011.01644.x (2011)

Vía | Science Daily.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

15 años más de moratoria a los transgénicos

Ese es el nuevo proyecto de ley (PL 05622/2020-CR) presentado el pasado 25 de junio por el congresista Rolando Campos Villalobos de Acción Popular, el cual tiene por único objetivo ampliar por quince años la moratoria a los transgénicos establecida por la Ley N.º 29811, que vence en diciembre del próximo año. 

Para aclarar, la moratoria sólo se aplica a la liberación al ambiente, es decir, los cultivos transgénicos. Los importados para la alimentación humana o de animales (por ejemplo, el maíz amarillo duro y la soya), no están restringidos ni regulados hasta que se apruebe el RISBA. Tampoco se prohíbe la investigación con transgénicos, pero solo si se realiza en espacios confinados como laboratorios o invernaderos. ¿Cuál es el sustento para ampliar la moratoria?Para saberlo, analicemos la exposición de motivos. Ley de moratoria se sustenta en la necesidad de preservar el ambiente equilibrado del país, dado que existe una incertidumbre sobre los impactos que pueden producir los transgéni…

Los huevos verdes

[Artículo publicado originalmente el 16 de abril de 2014 en Expresión Genética del diario El Comercio]
No me refiero a los de Shrek ni los de Hulk...
Hace unos años visité la localidad de Huancapallac, en el departamento de Huánuco, y participé del Muhu Raymi (Fiesta de las Semillas). En esta feria, agricultores de diferentes lugares del país exhiben su gran agrobiodiversidad. Mientras paseaba por los puestos de cada uno de ellos, vi algo que llamó mi atención: huevos de color verde.

Si bien los huevos pueden adquirir diferentes colores, dependiendo de la especie a la que correspondan, todos los huevos de gallina que encontramos en los mercados son blancos o morenos (color piel). Sin embargo, al menos tres razas de gallinas ponen huevos verdes y azulados: la Araucana de Chile y los Dongxiang y Lushi de China. Esta coloración se debe a un pigmento llamado biliverdina.
La biliverdina se genera a partir de la degradación de la hemoglobina —molécula que da el característico color rojo a la sa…

El asesino en serie de los anfibios bajo la mira

Los anfibios del mundo están viviendo un verdadero apocalipsis. Poblaciones enteras están siendo diezmadas. Algunas especies se han extinto y otras están seriamente amenazadas. Y, como en una verdadera película de terror, un patógeno es el responsable, posiblemente, el peor de toda la historia en cuanto a su impacto sobre la biodiversidad. Su nombre, Batrachochytrium dendrobatidis (de cariño Bd). ¿Dónde y cuando apareció este asesino? ¿Cómo se propaga? Son algunas de las interrogantes que pretende resolver un estudio publicado en Science la semana pasada.

Bd es un hongo que ataca directamente la piel de los anfibios (que es por donde estos animales respiran, intercambian electrolitos y regulan el pH), alimentándose de las proteínas que la componen. La piel alrededor de las articulaciones se hace trizas y se desprende hasta que pierden el equilibrio homeostático del cual no pueden recuperarse. Al cabo de unos días, mueren de un ataque cardiaco.

Este problema fue detectado por primera v…