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Estrés en la ciudad

¿Ustedes creen que las personas que viven en las grandes ciudades son más estresadas que aquellas que viven en los pequeños poblados o zonas rurales? Al parecer la respuesta es afirmativa, ya que las grandes urbes están plagadas de gente, ruidos molestos, contaminación, etc. que directa o indirectamente nos afectan psicológicamente. Un estudio publicado ayer en Nature da una respuesta concluyente a esta interrogante a través de del uso de las imágenes de resonancia magnética funcional de cerebros de personas que viven, tanto en zonas urbanas como rurales, al ser sometidas a diferentes situaciones estresantes.

En nuestros días, más del 50% de la población mundial vive en las grandes ciudades y este número aumentará hasta casi un 70% para el 2050. Si bien, en promedio, son los citadinos quienes reciben mejores servicios de salud, alimentación, educación y recreación, también son los más propensos a sufrir de desórdenes emocionales y trastornos psicológicos debido al ambiente social estresante y desigual en el que viven. Por ejemplo, se ha demostrado que vivir en zonas urbanas aumentan el riesgo de sufrir de depresión y ansiedad, así como también, la tasa de personas que sufren de esquizofrenia es el doble que en las zonas rurales —claro, tomando en cuenta a aquellos individuos genéticamente predispuestos a padecerla. Pero, ¿todo esto se da a causa del ambiente caótico de las grandes urbes?

Para corroborar experimentalmente esta hipótesis, investigadores del Instituto Central de Salud Mental de la Universidad de Heidelberg (Alemania) liderados por Florian Lederbogen, tomaron a un grupo voluntarios sanos que viven o han vivido en ambientes urbanos y/o rurales (ciudades de la figura inicial), a los que les hicieron un análisis de resonancia magnética funcional (fMRI) para ver qué regiones de sus cerebros se activaban mientras eran sometidos a distintas situaciones sociales estresantes, por ejemplo, resolver problemas aritméticos bajo un límite de tiempo y cuya dificultad aumentaba a medida que respondían bien las preguntas. Para que la situación sea realmente estresante, los investigadores exponían a los participantes al ruido típico de las grandes ciudades a través de unos audífonos.

El experimento no solo aumentó el ritmo cardiaco, la presión sanguínea y los niveles de cortisol en la saliva de los participantes —síntomas típicos del estrés— sino que también aumentó la actividad cerebral en regiones involucradas con las emociones y el estrés. Por ejemplo,  Lederbogen et al. observaron que la activación de la amígdala era mayor en los participantes que vivían en las zonas urbanas, a medida que estas eran más pobladas. También observaron que la activación de la corteza cingulada pregenual anterior —región que se activa cuando sentimos vergüenza— era mayor cuanto más tiempo el participante vivía en una ciudad grande.

Para corroborar estos resultados, los investigadores tomaron a otro grupo de participantes a los cuales les sometieron a una situación diferente. Los participantes debían resolver dos tipos de problemas (aritméticos y mentales) bajo la mirada atenta y desaprobatoria de un investigador en un video. Los resultados fueron similares al experimento anterior.

Pero, ¿no será que el estrés se deba más al desarrollo de los problemas aritméticos y mentales en sí y no al efecto de las zonas urbanas?. Para descartar esta hipótesis Lederbogen et al. desarrollaron otro experimento más sencillo en el cual los participantes deberían poner a prueba su memoria y asociar rostros a estados emocionales sin ningún tipo de estrés externo. Los resultados mostraron que no había ningún tipo de asociación en la activación de la amígdala ni la corteza cingulada pregenual anterior.

Estudios previos ya habían demostrado una asociación de la activación de estas regiones del cerebro en personas con predisposición genética a tener desórdenes psiquiátricos, así como la activación de la amígdala y su relación con el tamaño de la red social de cada personas (cuanto más se activa la amígdala, la persona será más sociable) y con la sensación de la violación del espacio personal; lo que indicaría que el estrés producido en las personas que viven en las grandes ciudades podrían influir en el desarrollo de trastornos mentales.

Pero, este efecto observado por Lederbogen y sus colaboradores no podría ser confundido con el efecto que tienen otros factores de la sociedad humana per se, por ejemplo, el nivel de educación, los ingresos económicos, el estatus familiar, la relación con su pareja, la personalidad, el estado de ánimo, etc. Sin dudas son muchos factores que podrían influir en el estrés, pero los investigadores creen que ningunos de estos factores tienen un efecto significativo como el obtenido en los experimentos realizados, ya que las personas que viven en zonas rurales también tienen son afectados por estos mismos factores.

Sin dudas faltan realizar experimentos a gran escala, tomando en cuenta muchos más factores, pero para ser los primeros resultados que demuestran una asociación entre el nivel de estrés con respecto a la vida en las grandes ciudades, son bastante alentadores. Los psicólogos creen que uno será emocionalmente más estable cuando siente que puede controlar su vida diaria. De todas maneras, con el rápido crecimiento de la población mundial que se da en nuestros días, debemos entender mejor este proceso.


Referencia:

ResearchBlogging.orgLederbogen, F., Kirsch, P., Haddad, L., Streit, F., Tost, H., Schuch, P., Wüst, S., Pruessner, J., Rietschel, M., Deuschle, M., & Meyer-Lindenberg, A. (2011). City living and urban upbringing affect neural social stress processing in humans Nature, 474 (7352), 498-501 DOI: 10.1038/nature10190

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