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El peligro de botar los plásticos al mar

Es obvio que botar desperdicios al mar contamina el ambiente, especialmente lo plásticos, pero, no porque tardan en degradarse o pueden ser comido por ciertos animales provocando que se atoren o intoxiquen, sino también porque liberan un compuesto sumamente tóxico, el bisfenol A.

El bisfenol A se encuentra principalmente en los plásticos a prueba de golpes como los biberones, tinas, tápers, así como en las resinas epoxi presente en las pinturas. Debido a esto, casi todos nosotros tenemos trazas de bisfenol A en nuestro organismo pero pocos saben que este compuesto es un gran disruptor endocrino que puede imitar las propiedades de ciertas hormonas. Recientemente se han hecho estudios en animales para ver la relación del bisfenol A con las enfermedades cardiacas, la esterilidad y la alteración del desarrollo de los infantes. Se encontró una relación directa pero aún falta determinar cual sería la concentración donde empiezan a darse estos problemas en los seres humanos. Estudios realizados por la FDA (Food and Drug Aministration) encontraron efectos potenciales sobre el cerebro, comportamiento y el desarrollo de la glándula prostática en los fetos.

¿Pero como llega el bisfenol A a nuestro organismo? Al almacenar los alimentos por tiempos prolongados en tápers, al dar biberón a nuestros bebés y también al botar nuestros desechos al mar. En un día normal de playa, mucha gente irresponsable bota sus bolsas donde lleva su comida o las botellas de sus gaseosas o refrescos al mar, en otros lugares, usan las playas como rellenos sanitarios. Si bien los plásticos no se degradan al instante, poco a poco van liberando el bisfenol A que contienen diluyéndose en el mar. Se midieron las concentraciones de este compuesto en diferentes muestras oceánica alcanzando concentraciones de 0.01 a 0.50 ppm (10 a 500 microgramos de bisfenol A en un litro de agua de mar). Luego, mediante un proceso de bio-acumulación llegan a nosotros. Los organismos más pequeños asimilan más rápido el bisfenol A, luego son devorados por organismos más grandes que a su vez son devorados por otros más grandes, acumulándose grandes concentraciones de este compuesto, finalmente el hombre los pesca, los vende, preparan un cebiche y lo ingieren; así llega el bisfenol A a nuestro organismo.

Se ha determinado que con dosis menores a partes por trillón de bisfenol A se presentan desórdenes reproductivos en ciertos crustáceos y otros mariscos, aunque estos resultados aún no son concluyentes. El bisfenol A se almacena en el tejido graso y no es eliminado ni en las heces o las orinas. Pero recordemos que no solo en los pescados y mariscos puede haber altas concentraciones de este compuesto, también en las cosas que solemos almacenar en envases de plástico.

Vía Wired Science.

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